Por Silvia Pisani
Corresponsal en España
Garzón dice que Kirchner trabó extradiciones
MADRID.– El juez Baltasar Garzón aseguró que “fue por pedido del gobierno” de Néstor Kirchner que España no impulsó, en agosto de 2003, la sonada extradición de cuarenta militares argentinos –expresamente detenidos a su pedido–, lo que calificó como “un nuevo punto final” en nuestro país.
Garzón aseguró que, en esa cuestión, que significó la liberación de militares arrestados a su pedido por el juez Rodolfo Canicoba Corral en operativos ampliamente difundidos en la Argentina, el ex presidente José María Aznar “hizo lo que le pidió el gobierno argentino”.
Añadió el juez de la Audiencia Nacional que, por entonces, Kirchner procuraba tiempo para “poder desarrollar la acción contra la impunidad” a partir de la anulación de las llamadas leyes de obediencia debida y de punto final. Eso abrió la posibilidad de iniciar procesos por violaciones de los derechos humanos durante el gobierno militar en juzgados argentinos.
En un relato lleno de detalles, el juez más famoso de España asegura que la noticia de que el tan mentado pedido a las autoridades argentinas para que le entregaran a sus militares no prosperaría le fue anticipada, en forma privada, por el ex ministro de Justicia, Juan José Michavila. Y que éste dijo que tal criterio se aplicaría “pese a no compartirlo”.
Según su relato, fue el propio Michavila quien lo llamó por teléfono para “ofrecerle explicaciones” en un diálogo que describió de este modo:
-Baltasar, en este tema hemos hecho lo que nos ha pedido el gobierno argentino. Nos han pedido tiempo para desarrollar la acción contra la impunidad.
-¿Es eso cierto? -pregunta Garzón, “sorprendido por la información”.
-Ana Palacio, [ex] ministra de Asuntos Exteriores, ha estado en constante contacto con su colega argentino [Rafael Bielsa] durante todo este mes -contesta y termina la explicación de Michavila.
Garzón calificó tal episodio como “un nuevo punto final” en la Argentina. Y afirma que lo “llenó de angustia” saber que había sido firmado por España “en cooperación intergubernamental” con la administración de nuestro país.
Asegura también que la información sobre esa “colaboración interna” entre ambos gobiernos para el fracaso de la extradición y la consecuente liberación de los militares le fue confirmada, un día después, por el entonces fiscal y hoy camarista argentino Eduardo Freiler “después de haber hablado con el canciller” Bielsa.
Por entonces, el rechazo al pedido de extradición fue tapa en diarios argentinos y, durante días y días, materia de análisis y debate en los que se deslizó que Kirchner prefería que los procesos se llevaran adelante en la Argentina y no en España. Pero, hasta este relato de Garzón, nadie había afirmado la existencia de una gestión gubernamental para que así ocurriera.
El pedido que envió Garzón vía Interpol y que desembocó en la detención de 39 militares y un civil por crímenes cometidos durante la dictadura se anticipó a un gesto del gobierno argentino para el juzgamiento de los militares. Un día después de que el juez federal Rodolfo Canicoba Corral ordenara las detenciones requeridas por Garzón, Kirchner derogó un decreto que impedía la extradición de militares para su juzgamiento en el exterior. La intención del Gobierno seguía siendo, de todos modos, que los ex jefes de la dictadura fueran juzgados en el país.
“Un hombre sin miedo”
Todo eso lo afirma Garzón en un libro de su autoría de reciente aparición en España. Se llama “Un mundo sin miedo”, fue editado por el prestigioso sello Plaza & Janés y está elaborado como un extenso diálogo entre el magistrado y sus hijos. Y lleva su nombre y retrato en la cubierta. “Este es el relato de un hombre sin miedo”, dice la contratapa.
El libro se publica mientras transcurre en la Audiencia Nacional el primer -y hasta ahora, único- juicio en tribunales españoles contra un militar argentino. Garzón habla poco del marino retirado Adolfo Scilingo en su libro y sí asegura que igual camino le espera al marino Ricardo Miguel Cavallo, también detenido en la península.
Scilingo es el primero de todos los militares de América latina procesados por Garzón que consigue llevar a juicio oral. Cuando el gobierno de Aznar rechazó las extradiciones, en la Audiencia Nacional de España se temió que tanto él como Cavallo pidieran su repatriación. Scilingo sí lo hizo, pero el pedido no se atendió. Y el juicio en su contra sigue adelante.
En el mismo libro Garzón también carga contra el ex presidente Carlos Menem, a quien califica como “desfachatado” por haberlo llamado -dice- para “pedir explicaciones” por la orden internacional de captura que libró contra el ex presidente (fallecido) Leopoldo Fortunato Galtieri. Dijo que se negó “categóricamente” a contestarle para “mantener la dignidad de la Justicia”.
Garzón reflexiona luego que “en todo caso, el curso de la acción de la Justicia a ambos lados del Atlántico discurre ahora por caminos paralelos, con puentes de unión que facilitan el tránsito de información y cooperación, como siempre debió ocurrir. Pero está visto que su senda nunca es fácil para los más débiles, aunque siempre la esperan con confianza. Quizá, porque es lo único que les queda”.